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"2012" es exactamente lo mismo que "El Día después de Mañana" y "El Día de la independencia", sólo que en vez de ser EL DIA en que queda la cagada, es EL AÑO. Y esta conversíon se refleja en las 2 horas y 40 minutos de agonía que dura esta saga de avalanchas de clichés y acción incesante, que a la larga, de tanto emocionar, no emociona a nadie.
Desde el minuto uno de la película me dije a mi mismo "Mismo: fuerza. Esto va a doler." Al igual que todas las otras reconocidas películas apocalípticas, el fenómeno que está a punto de destruir a la humanidad es descubierto por un científico roñoso en un roñoso rincón del planeta. Ipso facto, la comunidad política norteamericana se hace cargo de la situación, y Dios (el presidente de EEUU - Danny Glover) toma el mando. Nadie mueve una tripa cuando el presidente habla. A los costados del presidente se encuentra el científico bonachón que quiere tomar la mejor decisión y salvar a medio mundo (Chiwetel Ejiofol), y al otro lado está el asesor político (ó militar, dependiendo de la película) que quiere salvar a la gente de la forma más nazi posible y matar con bombas al fenómeno apocaliptico (Oliver Platt). Pero como aquí no hay meteorito ni OVNIS, no se puede jugar con bombas. Por otro lado, en el ámbito humano de la historia, está el escritor fracasado, divorciado (John Cusack), que se pica porque sus hijos quieren más al pololo de la mamá que a él mismo, y que en medio de un fin de semana que le toca salir con sus hijos a pasear se ve involucrado en la dificil misión de lograr que su familia sea LA ÚNICA en el mundo que pueda escapar de la destrucción de la tierra. Y es impresionante, porque a pesar de que sólo es un escritor que trabaja como chofer de limusina, logra escapar, en la misma limusina, de la ola de destrucción que arremete contra Los Ángeles (donde el vive), manteniéndose a sólo dos centímetros del fin del mundo.
También está el tema del viejo que tiene un drama con el hijo, pero que quiere resolverlo antes de morir víctima de una ola gigante, el ruso malo que tiene plata y poder, el romance étnico/a-primera-vista, el tipo que decide no salvarse para cumplir con un objetivo étic/moral que no salva a nadie, la nave gigante que salva a miles, etc. Roland Emmerich lo hizo de nuevo: aplicó la fórmula patentada que tiene y que ya ha probado una y otra vez, y le puso una carcaza distinta. Distinto olor, la misma caca. Hay que reconocer que lo más llamativo de este tipo de películas son las secuencias de acción y efectos especiales. Afortunadamente "2012" no se queda atrás, y hace alarde muy buenos efectos, pero hay tantas secuencias TAN al límite que la curva de excitación del espectador se ve sobrepasada y uno termina diciendo "Aaaah, ya! Dondelaviste!" (nótese la coincidencia con el nombre de este sitio). Aburre y deja de sorprender. Pero como hay cine para todos, si "El Día después de Mañana" es una joya para usted, vaya a ver "2012". Quizás, lo único que le moleste sea el dolor de espalda de estar sentado en el cine por casi 3 horas. Lo que es yo, esperaré el estreno de "Avatar" para satisfacer mis necesidades de efectos especiales, acompañandos por una trama nueva y decente.
P.S.: Se agradece la aparición de Woody Harrelson como el hippie anti-sistémico que sabe más que cualquier experto en apocalípsis. Siempre es bueno verlo en una película usando una peluca distinta.
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